31 de enero de 2023 · Por Darius Stan
Historias sobre el café

La relación entre el ser humano y la planta del café se remonta a la más remota antigüedad. Como suele ocurrir en la cultura popular, este vínculo se ha sellado con numerosos mitos y leyendas que han consagrado su importancia cultural y social. Así, la relación entre el café y la sociabilidad viene de antiguo: desde el siglo XVIII, algunos establecimientos adquirieron características que los hicieron destacar por su afinidad con las academias literarias y políticas. Los intelectuales se reunían alrededor de una taza de café para intercambiar ideas y opiniones, y los establecimientos se convirtieron en su caja de resonancia.
Hoy ya no es una cuestión de élites. Tomar un café se convierte en una pausa, tanto en la intimidad como en el trabajo, y en una reunión informal en la que disfrutar de un descanso bien merecido del frenesí del mundo. Al acercarte la taza a los labios, durante esos pocos segundos, cesa el parloteo y el sabor que invade el paladar es perfecto para recargar las pilas.
Qahwa (café) es una palabra de origen árabe que designa una bebida extraída de unas semillas que provocaban efectos estimulantes y excitantes en las personas.
La antigua leyenda sobre el descubrimiento del café
Según una antigua leyenda, los antepasados de los actuales «Oromo» (un pueblo étnico africano) fueron los primeros en descubrir el potencial energizante del café. Sin embargo, nunca se han encontrado vestigios históricos que confirmen esta hipótesis, y mucho menos anteriores al siglo XVII. Según este relato, el descubrimiento del café se atribuye a «Kaldi», un pastor de origen etíope que vivió en el siglo IX a. C. Se habría percatado del evidente estado de excitación de sus cabras tras comer los frutos del café. La historia solo se recogió en 1671, en un texto apócrifo, pero, aunque el periodo histórico sea incierto, sí consta que las primeras plantas de café domésticas se cultivaron en Harar, Etiopía.
Omar Sheikh: otra leyenda sobre el café
Otros relatos, recogidos en el manuscrito «Abd-Al-Kadir», atribuyen el descubrimiento del café a «Sheikh Omar». Según la historia antigua, Omar era conocido por sus poderes curativos mediante la oración. Desterrado de Mocha, ciudad portuaria de Yemen, vivía en una cueva remota del desierto, cerca de «Ousab». Hambriento, Omar masticó unas bayas que crecían en unos arbustos cerca de su hogar, pero le parecieron demasiado amargas. Entonces intentó tostar las semillas para mejorar su sabor, pero no lo consiguió.
Después probó a hervir los granos de café para ablandarlos y, gracias a este último proceso, obtuvo un líquido marrón de aroma fragante y agradable.
Al beberlo, Omar se sintió revitalizado y lleno de energía durante muchos días. Gracias a aquel «medicamento milagroso», Omar regresó a Mocha y fue venerado. Desde Etiopía, la planta del café llegó al mundo árabe a través de Egipto y Yemen, y así comenzó la historia más reciente de este cultivo tal como lo conocemos hoy.
Más leyendas breves sobre el café
Es menos conocida la leyenda sobre Mahoma: se dice que un día, cuando el profeta se encontraba muy enfermo, el arcángel Gabriel acudió en su ayuda y le llevó una poción enviada directamente por Alá. La bebida era tan oscura como la Piedra Negra sagrada de La Meca, comúnmente llamada «qawa». Al beberla, Mahoma se sintió mucho mejor de inmediato y recuperó las fuerzas para emprender sus grandes hazañas.
Una última leyenda cuenta que un inmenso incendio se extendió por una vasta zona de Abisinia cubierta de plantas de café silvestres, y que el aroma de lo que podría considerarse un gigantesco tostadero natural llegó a decenas de kilómetros.
Otras leyendas sitúan los orígenes del café en las mesetas de Abisinia, donde, al parecer, se encuentran sus verdaderas raíces. Sea como fuere, los relatos de varios viajeros atestiguan que el consumo de café estaba muy extendido por todo el Oriente islámico a finales del siglo XVI.
En Occidente, el café se difundió a través de Venecia, donde, según se cree, se abrió la primera «Bottega del Caffè» en 1640, aunque algunos sostienen que antes se había abierto una en Livorno. En cualquier caso, el éxito fue inmediato y el café, tanto como bebida como en forma de establecimiento, se extendió por todas las ciudades italianas. Su difusión por el mundo se vio favorecida por la pugna de intereses entre quienes querían mantener la exclusividad de estas valiosas plantas y quienes querían obtener parte de los beneficios que generaban.
En 1690, un grupo de marineros neerlandeses desembarcó en las costas de Moka, en Yemen, y logró hacerse con algunas plantas. Unos años después, florecieron las primeras plantaciones en Java y Sumatra. Más tarde, el café se extendió con fuerza por América Central y del Sur, donde todavía hoy se encuentran las mayores plantaciones del mundo, especialmente en Brasil.
En resumen, abundan las historias, particularmente antiguas, sobre el mito de la planta del café y sus frutos. Son testimonio de que, desde tiempos remotos, el café ha representado una parte importante de la cultura de la humanidad y de sus pueblos.